Vigorexia: la obsesión por un cuerpo musculado

Las personas acuden al gimnasio por diversas razones; muchas quieren perder peso,  gozar de una buena forma física o simplemente lucir un cuerpo bonito. De entre todos los asiduos al gimnasio hay un porcentaje significativo que lo hace por razones puramente estéticas, es decir, su único objetivo es conseguir que se definan lo máximo posible los músculos, sobretodo los de brazos y tórax, llegando a convertirse en muchos casos en una verdadera obsesión. Hablamos así de vigorexia, un trastorno que afecta mayoritariamente a los varones, la persona sufre una distorsión de su imagen corporal, percibiéndose mucho más enclenque y débil. Por lo que empiezan a llevar a cabo métodos abusivos con el fin de aumentar su musculatura, llegando en muchas ocasiones a poner en peligro su salud.

Así estas personas se convierten en verdaderos devotos del gimnasio, suelen acudir todos los días durante un número excesivo de horas, lo que les lleva a aislarse de sus amistades. Vigilan milimétricamente su dieta, abusando en exceso de proteínas y carbohidratos, excluyendo por completo los lípidos de su alimentación.

En la mayoría de los casos, la persona vigoréxica comprueba que solo con dieta y gimnasio no obtiene el cuerpo deseado, por lo que suele recurrir a métodos más extremos y nada aconsejables como los anabolizantes. Una vez consumidos, los resultados enseguida empiezan a ser visibles, aparece un aumento considerable de la masa muscular, obsesionándose la persona por tener cada vez un cuerpo más voluminoso. Los peligros de los anabolizantes y esteroides están más que demostrados, entre los que destacan lesiones hepáticas y cardíacas, problemas de fertilidad, impotencia o cáncer de próstata entre otros.

Normalmente es debido a las consecuencias de la ingesta excesiva de anabolizantes el motivo, por el cuál los familiares descubren este problema, y preocupados por la salud tanto física como psicológica solicitan ayuda profesional.

En la terapia psicológica se trabaja los problemas de autoestima, que tan típicos son en estas personas, así como sus inseguridades y sus relaciones sociales, que tienden a ser bastante escasas. Se trabajan ciertas creencias erróneas que lleva a la persona a obsesionarse con un cuerpo cada vez más musculado, creyendo que será más aceptado y admirado socialmente. Se fomenta intereses y actividades ajenos al gimnasio, tratando de crear una rutina alejada de ambientes donde se prioriza en exceso el culto al cuerpo.